A lo largo de mi estudio sobre el primer libro de Samuel, he podido observar una verdad fundamental: la sumisión a la autoridad de D-s es la clave indispensable para experimentar victoria y paz. No se trata simplemente de obedecer a cualquier líder, sino de reconocer y someternos a un liderazgo santo que esté anclado en la revelación de las Sagradas Escrituras. Samuel fue ese hombre; un líder cuya fe se traducía en acciones concretas y sumisión total al S-r.
El impacto de un liderazgo piadoso
En el capítulo 7, vemos cómo los filisteos finalmente se sometieron. Esta palabra, jicaná, implica reconocer una autoridad superior. Gracias al compromiso de Samuel con la palabra de D-s, el enemigo dejó de rebelarse contra los propósitos divinos y cesó sus ataques contra el territorio de Israel. Cuando nos posicionamos bajo la autoridad de D-s e implementamos sus mandamientos, nos colocamos en el lugar de la victoria. La “mano del S-r” (que representa tanto Su acción como Su autoridad) estuvo contra los enemigos de Israel durante todos los días de Samuel.
Restitución y orden divino
Bajo liderazgos impíos, como el del sacerdote Elí, el pueblo sufrió pérdidas. Sin embargo, con Samuel vemos una restitución completa. Las ciudades que los filisteos habían arrebatado fueron devueltas, desde Ecrón hasta Gat. La victoria verdadera siempre trae consigo una restauración de la voluntad de D-s y devuelve las cosas a Su orden perfecto. Incluso hubo paz con los amorreos, quienes al presenciar el poder de D-s sobre un pueblo obediente, aprendieron la lección y buscaron la paz.
Una vida de adoración sacrificial
Samuel no solo juzgaba, sino que año tras año recorría lugares históricos como Betel, Gilgal y Mispa, recordando los pactos y la revelación de D-s. Pero lo más significativo ocurre en su casa en Ramá —nombre que significa “exaltado”— donde edificó un altar. La adoración y el sacrificio son inseparables. Como nuevas criaturas en el Mesías, nuestra obediencia no es el medio para la salvación, sino el fruto natural de haber sido redimidos por Su sangre. Una vida transformada es una vida sacrificial, dedicada a glorificar al S-r a través de nuestras obras, las cuales testifican de lo que el Mesías significa para nosotros.
Conclusión
La vida de Samuel nos desafía a evaluar nuestra propia sumisión. ¿Ven los demás en nosotros a personas que reconocen la autoridad de D-s? Al caminar en obediencia, no solo encontramos paz —entendida como el cumplimiento de la voluntad divina— sino que permitimos que la mano de D-s restaure lo que el enemigo ha tomado. Vivamos con la mirada puesta en las recompensas eternas, glorificando a nuestro Salvador con un corazón dispuesto y sacrificial.
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