Hemos sido llamados a perseverar y resistir, incluso cuando el enemigo y los oponentes que enfrentamos parecen ser más numerosos, más fuertes y mejor equipados. Hay momentos en los que clamamos a D-os por ayuda y, desde nuestra perspectiva humana, pareciera que hay silencio de su parte. Sin embargo, aun en esos tiempos difíciles, la Escritura nos exhorta con claridad: no desanimarnos, no rendirnos y no apartarnos del justo llamado que D-os ha puesto sobre nuestra vida. Debemos permanecer fieles, creyendo con convicción que D-os responderá en el tiempo correcto y conforme a Sus propósitos.
El Salmo 38 nos introduce precisamente a una de esas etapas oscuras y profundamente dolorosas en la vida del rey David. Este salmo, escrito “para recordar”, no es una simple reflexión poética, sino una enseñanza destinada a ser traída a la memoria una y otra vez, porque tú y yo, en algún momento, atravesaremos circunstancias similares.
David escribió este salmo durante un período extremadamente difícil. Él reconoce sin reservas que ha pecado, que ha fallado gravemente. No intenta justificarse ni minimizar su culpa. Sin embargo, la Escritura también da testimonio de que David fue, en el curso general de su vida, un hombre conforme al corazón de D-os, alguien que deseaba agradarle, servirle y someterse a Su voluntad. Y es precisamente ese deseo constante de agradar a D-os lo que, en muchas ocasiones, lo colocó en el centro de una feroz oposición.
Aquí encontramos una verdad que no debemos ignorar: caminar en obediencia y fidelidad a la voluntad de D-os no garantiza una vida fácil. Al contrario, cuando servimos a D-os y procuramos cumplir Su propósito, el enemigo se enfurece y se levanta con mayor fuerza. Mientras más fiel y efectivo seas en la voluntad de D-os, mayor será la oposición espiritual que enfrentarás.
En este salmo, David clama por la ayuda de D-os. Curiosamente, a lo largo del texto no vemos una respuesta inmediata de D-os, pero sí vemos el proceso interno que conduce a la liberación. David llegó a una vida plena, venció a sus enemigos y fue restaurado, no porque ignorara su pecado, sino porque nunca dejó de acudir a D-os.
Desde el inicio del salmo, David ruega: “Oh, Se-or, no me reprendas en tu enojo ni me castigues en tu furia”. Él reconoce que D-os está justamente airado por su pecado, pero suplica misericordia. No pide impunidad, sino disciplina sin furia destructiva. David entiende que la corrección de D-os tiene como propósito la restauración.
David describe cómo las consecuencias de su pecado lo han alcanzado en todas las áreas de su vida: no hay bienestar en su carne, no hay paz en sus huesos, su perspectiva está distorsionada, su mente cargada, su corazón angustiado. El pecado no solo trae culpa; trae desorden, confusión, aislamiento y pérdida de paz. En el lenguaje poético del salmo, David declara que sus iniquidades han sobrepasado su cabeza y se han convertido en una carga demasiado pesada para llevar por sí mismo.
Esta es una de las enseñanzas centrales del Salmo 38: el pecado siempre será más pesado de lo que podemos manejar con nuestras propias fuerzas. Afecta nuestra percepción, nos vuelve vulnerables al engaño del enemigo y abre la puerta para que otros se levanten contra nosotros.
David también reconoce que su necedad —perseguir sus propios deseos en lugar de la voluntad de D-os— ha producido corrupción interna, sufrimiento físico y quebranto espiritual. Se describe a sí mismo como torcido, deformado, caminando en oscuridad y tristeza profunda. No experimenta el gozo del Se-or, sino el peso de Su disciplina.
El pecado, además, trae aislamiento. David observa cómo sus amigos y familiares se mantienen a distancia al ver la disciplina de D-os sobre su vida. Aquello que inicialmente parecía atractivo y placentero termina produciendo soledad y vergüenza.
Sin embargo, en medio de este panorama devastador, ocurre un giro crucial. David declara:
“Porque en ti, oh Se-or, he esperado; tú responderás, oh Se-or, mi D-os”.
Este versículo es el corazón del salmo. David no se rinde. No se aparta de D-os, aun cuando se siente espiritualmente confundido, sin claridad, sin fuerzas y sin dirección. Él sabe que su única esperanza sigue siendo D-os. Confiesa su pecado, reconoce su condición y decide esperar.
David entiende que D-os no permitirá que los malvados se gloríen permanentemente a costa de su caída. Aunque se siente tambaleante, angustiado y sin paz, mantiene su expectativa en que D-os será su ayuda y su salvación.
El salmo concluye con una súplica urgente y llena de fe: que D-os responda rápidamente, que responda correctamente y que se convierta en su auxilio. David sabe que solo por la intervención de D-os puede experimentar restauración y liberación.
Este salmo fue escrito para ser recordado. Para recordarte a ti y a mí que, incluso si hemos fallado gravemente, incluso si nos encontramos en una etapa de profunda oscuridad espiritual, no debemos apartarnos de D-os. Al contrario, debemos volver a Él, buscar Su misericordia y poner nuevamente nuestra esperanza en Su fidelidad.
David nos enseña que solo aquellos que, aun después de haber fallado, siguen comprometidos con la voluntad de D-os, experimentarán Su ayuda, Su restauración y Su salvación.
Ten confianza en el D-os de Israel y en Su Hijo, el Mesías Yeshua. Si aún no lo has hecho, entra en una relación de nuevo pacto con Él. En Él encontrarás la misma esperanza, la misma ayuda y salvación que David proclamó en medio de su noche más oscura.
Shalom desde Israel.
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