Somos llamados a ser personas espiritualmente sensibles, capaces de identificar y resolver el problema del pecado en nuestra vida. No me refiero aquí a la búsqueda de la salvación inicial, sino a la necesidad de quienes ya somos creyentes de examinar si hay algo que desagrade al S-r. Fracasar en este llamado acarrea resultados desastrosos, tal como lo vemos ilustrado en la derrota de Israel ante la pequeña ciudad de Hai.
La santificación como paso previo al cambio
Cuando Josué se lamentaba por la derrota, la instrucción del S-r fue clara: “Levántate y santifica al pueblo”. La santificación involucra pureza, pero ante todo implica un cambio. Es posible que en tu condición actual necesites que algo sea alterado en tu vida para conocer el éxito espiritual. El pecado oculto, o anatema (Jerem), nos incapacita para hacer frente a nuestros enemigos. No podemos ignorarlo y esperar que desaparezca; sus consecuencias se manifestarán en forma de humillación y derrota hasta que sea tratado apropiadamente.
El efecto expansivo de la desobediencia
El caso de Acán nos enseña que el pecado nunca es estrictamente personal. Aunque él fue quien codició y tomó del botín consagrado, todo Israel sufrió. El pecado otorga poder al enemigo sobre el pueblo de D-s y afecta incluso a quienes no están directamente conectados con el acto de desobediencia. D-s no tolera el pecado, pero en Su justicia, siempre señala con precisión la causa del conflicto, llevándonos de lo general a lo individual hasta que la verdad sale a la luz.
La confesión y la exposición del pecado
Josué no trató a Acán con enojo, sino con compasión, pidiéndole que diera gloria al S-r mediante su confesión. Confesar no es solo admitir el error, sino detallar qué sentimos y por qué lo hicimos, trayendo todo a la luz. Acán admitió que todo comenzó por la vista: vio, codició y tomó. Es vital resguardar nuestros ojos, pues son la ventana que el enemigo utiliza para influir en nuestra vida. Nada de lo que hagamos queda realmente oculto ante D-s, y tarde o temprano, aquello que enterramos en nuestra “tienda” será expuesto.
Conclusión
El pecado siempre trae pérdidas y nos hace vulnerables. Cuando tratamos apropiadamente con él, el ardor de la ira del S-r se aparta y la restauración es posible. No pienses que por estar bajo el Nuevo Pacto puedes pecar sin consecuencias; aunque nuestra redención sea eterna, el pecado afectará nuestra experiencia y testimonio en este mundo. Aléjate de la desobediencia y permite que tu vida sea un reflejo de humildad y amor por Aquel que nos redimió.
Para ampliar el tema sigue este enlace:





