El pasaje que estudiamos hoy no trata de adoración de manera directa, pero revela un principio fundamental e innegociable sobre ella. La adoración está llamada a ser algo distinto, separado, santo. No nace del mundo ni puede mezclarse con las cosas del mundo.
Cuando observamos gran parte de lo que hoy se llama “adoración” en muchos lugares de culto, es evidente que se ha permitido una peligrosa mezcla. En demasiados casos, lo que debería ser un espacio dedicado al D-os santo de Israel se parece más a un club nocturno o a una discoteca que a un lugar de reverencia, temor y santidad.
La Escritura es clara: D-os no permitirá que Su adoración sea contaminada. En 1 Samuel capítulo 5 vemos una poderosa demostración de este principio. El arca del pacto, símbolo de la presencia y autoridad de D-os, había sido capturada por los filisteos como parte del juicio de D-os sobre Su propio pueblo. Pero ese juicio no tenía como fin la destrucción, sino la corrección y el cambio.
Los filisteos llevaron el arca al templo de Dagón, su dios falso, colocándola como si el D-os de Israel estuviera bajo la autoridad de una deidad pagana. Intentaron “estabilizar” el arca, creyendo que podían controlar lo que representa la presencia de D-os. Pero el ser humano jamás puede controlar a D-os. Él trasciende todas las cosas y exige que nos acerquemos a Él con humildad y sumisión.
Al día siguiente, Dagón apareció postrado delante del arca del Se-or. El falso dios fue humillado en su propio templo. Cuando intentaron restaurarlo, el juicio fue aún más severo: su cabeza y las palmas de sus manos fueron cortadas. La Escritura utiliza un lenguaje claro de juicio y rechazo. D-os estaba removiendo aquello que no era aceptable para Él.
El mensaje es contundente: no se puede mezclar la adoración verdadera con la idolatría. D-os desplazará toda falsa forma de adoración. Él no comparte Su gloria ni Su autoridad con nada ni con nadie.
Este juicio produjo cambios visibles en el pueblo filisteo. La mano del Se-or fue pesada sobre Ashdod, luego sobre Gat y finalmente sobre Ecrón. Tumores, desolación y gran perturbación se extendieron por las ciudades. Todo esto era una señal clara de que D-os no estaba complacido con una adoración corrupta y mezclada.
La pregunta que surge para nosotros es inevitable:
¿Estamos dispuestos a permitir que D-os haga los cambios necesarios en nuestra vida y en nuestra manera de adorarlo?
Nunca agradaremos a D-os hasta que Él transforme nuestra perspectiva. Nunca veremos correctamente hasta que veamos las cosas desde Su punto de vista. La verdadera adoración exige rendición, santidad y obediencia.
D-os siempre busca un cambio positivo. Él puede hablarnos por medio de Su Palabra y guiarnos suavemente por el Espíritu Santo, o puede disciplinarnos con una mano pesada si persistimos en la rebeldía. La sabiduría consiste en reconocer al D-os de Israel, someternos a Su verdad y adorarlo en espíritu y en verdad.
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