De la corrupción al juicio… pero con una promesa de redención

D-os es fiel: cuando el juicio ordena, cuando la obediencia trae gozo (1 Samuel 2:31–36)

D-os siempre es fiel. Y esa fidelidad, en ocasiones, se manifiesta en juicio. No porque D-os sea cambiante o impulsivo, sino porque su carácter es santo, justo y bueno. Por eso, D-os se mueve contra lo malo—y “malo” en la Escritura se entiende como todo lo que está fuera de la voluntad de D-os.

En 1 Samuel 2, vemos un ejemplo serio y contundente: Elí y, especialmente, sus hijos, Ofni y Finees. No fueron sacerdotes fieles. No sirvieron a D-os con reverencia ni guiaron al pueblo hacia la obediencia. Al contrario: vivieron en corrupción, arrastraron a otros a transgredir y, por falta de liderazgo correcto, su casa se convirtió en un instrumento de tropiezo para Israel.

D-os, que es misericordioso y lento para la ira, concede tiempo para arrepentimiento. Pero cuando una persona, una familia o un pueblo se vuelve insensible a las cosas de D-os—cuando ignora la corrección, desprecia la santidad y se rehúsa a cambiar—D-os se moverá. Su fidelidad no falla: D-os pondrá las cosas en su orden.

“He aquí vienen días”: el juicio como un bien que restaura el orden

El pasaje inicia con una frase clave: “He aquí vienen días…” (1 Samuel 2:31).
Algunos señalan que esta expresión suele introducir algo bueno, y aquí debemos afirmar algo esencial: el juicio de D-os es bueno, porque el juicio de D-os está íntimamente ligado al orden de D-os.

D-os no juzga para destruir sin propósito, sino para corregir, limpiar, cortar lo que corrompe y abrir paso a lo que refleja su carácter.

D-os declara que “cortará el brazo” de la casa de Elí. La imagen es fuerte: “brazo” puede implicar extensión, descendencia y continuidad. La idea es clara: habrá un fin. D-os cortará ese liderazgo como quien corta un árbol hasta dejar el tocón. El resultado es doble:

  1. No habrá ancianos/líderes espirituales de esa familia gobernando al pueblo.
  2. Tampoco habrá longevidad como señal de bendición: serán cortados antes de llegar a una vejez madura.

Lo que Elí no hizo con su madurez—usar su experiencia para guiar, corregir y formar—se convierte en evidencia de su negligencia y por eso el juicio avanza.

El enemigo en la morada: D-os se vuelve contra la corrupción

El texto afirma que Elí “mirará” intensamente y verá “un enemigo en la morada” (1 Samuel 2:32). La morada refiere al tabernáculo y, posteriormente, al templo: el lugar donde D-os habita entre su pueblo. El mensaje es solemne: D-os mismo se levantará contra esa casa en el mismo espacio donde estaban llamados a servirle.

Esto también es misericordia para Israel: deshacerse de un liderazgo corrupto es un acto de bien hacia el pueblo. D-os corta para sanar, reemplaza para restaurar.

La señal (OT): juicio visible, intervención solo de D-os

En el verso 34 aparece la palabra hebrea: OT (señal). No se trata de un “símbolo” cualquiera, sino de una señal que solo D-os puede producir. ¿Cuál será esa señal? Que Ofni y Finees morirán ambos en un mismo día. D-os muestra que el juicio no es teoría: es una intervención real, concreta, inconfundible.

Cuando el pecado se multiplica, cuando la iniquidad se normaliza y no hay arrepentimiento, D-os se mueve. No hay favoritismos. Su fidelidad se expresará en justicia.

El resultado del juicio: D-os levanta un sacerdote fiel

Aquí está el principio central: cuando D-os juzga, su juicio produce un buen resultado. El juicio funciona como catalizador del orden divino y abre camino al cumplimiento de la voluntad de D-os.

D-os promete levantar “para sí” un sacerdote fiel—un siervo que esté conforme a su corazón y a su alma. “Para mí” apunta a la voluntad de D-os. Lo que D-os hace, lo hace para avanzar sus propósitos.

Y esto trae una advertencia práctica:

  1. Si quieres experimentar a D-os obrando con poder en tu vida, comprométete con su voluntad.
  2. Si te comprometes con tu propia voluntad por encima de la de D-os, el resultado será desconexión, vacío y frustración.

Además, D-os promete edificarle “una casa fiel”. Esta “casa” puede entenderse como la restauración del servicio de adoración (ligado al templo) y también como la edificación de un pueblo fiel: una comunidad formada por la obediencia y el temor del Se-or.

Muchos identifican esta figura con Samuel, un hombre del que la Escritura no registra nada negativo: fiel, disponible, en crecimiento, usado por D-os poderosamente.

La conclusión para nosotros: D-os gana—y la obediencia es el camino al gozo

El cierre del pasaje es duro para la casa de Elí: la descendencia quedará en necesidad, mendigando, buscando un poco de pan y una mínima provisión. Es el efecto de ser “cortados”: sin la presencia de D-os no hay perspectiva, no hay provisión, no hay poder espiritual.

Pero el mensaje final no es desesperanza: es una invitación urgente. D-os gana. Oponerse a D-os siempre termina en pérdida, vergüenza y vacío. Por eso, la decisión correcta es venir ante Él humildemente, con deseo de someternos.

Y aquí aparece una verdad que confronta la mentira del enemigo:

  • No encontrarás gozo verdadero cumpliendo tu voluntad.
  • El gozo, la satisfacción y la plenitud llegan cuando abrazas a D-os—y luego abrazas su voluntad. La obediencia es catalizador de un gozo sobrenatural, un contentamiento que este mundo no puede producir.

Este pasaje nos coloca frente a una decisión real:

  • ¿Viviremos como Ofni y Finees, resistiendo a D-os y despreciando su santidad?
  • ¿O viviremos como Samuel, disponibles, humildes, creciendo en obediencia?

Esa elección define el rumbo espiritual. Y define el fruto.

Más enseñanzas en: https://amarasaisrael.org

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