El poder del Shofar y la victoria del séptimo día

Existe un tiempo correcto para servir a D-s. Como creyentes, debemos ser individuos que viven de acuerdo con Su horario, asegurándonos no solo de hacer lo que Él pide, sino de hacerlo exactamente cuando Él quiere que se haga. Esto requiere una sumisión total a la voluntad del S-r y una atención constante a Su revelación, la cual puede sorprendernos en cualquier momento para convertirnos en instrumentos de Su gloria.

El significado profético del séptimo día En el relato de la batalla de Jericó, vemos que los hijos de Israel rodearon la ciudad durante seis días. Sin embargo, el énfasis recae en el séptimo día. Muchos eruditos sostenemos que este momento no fue solo la séptima vuelta cronológica, sino que coincidió literalmente con el Shabbat. El Shabbat es un tiempo de restauración y orden, donde las fortalezas del enemigo son derribadas para que experimentemos la bondad del S-r. El juicio de D-s, o mishpat, pone las cosas en su lugar correcto, y para quien es obediente, este juicio es una bendición que trae el cambio anhelado.

El Shofar y la provisión divina La victoria en Jericó no fue un logro militar convencional. El uso del shofar, ese cuerno de carnero, nos recuerda la provisión de D-s, tal como el carnero provisto en el sacrificio de Isaac. Al sonar los shofares y elevar un grito de alabanza y acuerdo, el pueblo reconoció que la victoria provenía enteramente de D-s. La santidad, o kidushá, está intrínsecamente ligada al propósito divino; cuando cumplimos Su voluntad, tomamos posesión de Sus promesas.

Justicia, redención y el ejemplo de Rahab La ciudad fue declarada Jerem, lo que significa que debía ser dedicada por completo a la destrucción o al tesoro del S-r, sin que el pueblo tomara nada para sí. En medio de este juicio, la fe de Rahab brilla con fuerza. Ella, al esconder a los mensajeros, eligió participar en los propósitos de D-s en lugar de alinearse con el mal. Esta mujer no solo salvó su vida, sino la de todas sus familias, demostrando que D-s es compasivo y puede redimir a cualquiera, sin importar su pasado, integrándolo en Su pacto eterno.

Conclusión La caída de las murallas de Jericó es un paradigma de cómo entraremos en el Reino de D-s. No dependerá de nuestra fuerza física o armamento, sino de nuestra fidelidad a la verdad y nuestra respuesta a la revelación divina. Al igual que Rahab, hoy somos invitados a abandonar la rebelión, reconocer nuestra necesidad de redención y caminar en la justicia que solo se halla a través de la gracia del Mesías.

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