La restauración de Israel y el poder de la Piedra de Ayuda

El juicio de D-os no debe interpretarse como un acto de destrucción, sino como una disciplina redentora diseñada para producir un cambio profundo en Su pueblo. En este análisis de 1 Samuel 7, el Dr. Baruch Korman expone cómo la transición de la derrota a la victoria depende exclusivamente de una relación de pacto restaurada y un arrepentimiento genuino.

De la lamentación a la presencia divina

Durante veinte años, el Arca del Se-or permaneció en Quiriat-jearim sin que Israel experimentara el gozo de Su presencia. Esta etapa de lamento, representada por el número veinte (que simboliza opiniones en conflicto), refleja a un pueblo que intentaba buscar a D-os mientras persistía en la desobediencia. La adoración no puede basarse en criterios humanos; si no se alinea con las exigencias de la Palabra, la consecuencia inevitable es el vacío espiritual.

Las condiciones para la liberación

La intervención del profeta Samuel establece una hoja de ruta clara para la salvación: eliminar la idolatría. La orden de quitar los dioses ajenos, como Baal y Astarot, no era opcional. El cambio de corazón implica preparar el espíritu para servir únicamente al Se-or. La enseñanza destaca que existe una relación directa entre la pureza de la adoración y la eficacia en el servicio. Solo cuando Israel se humilló mediante el ayuno y la confesión en Mizpa, el escenario quedó listo para la manifestación del poder divino.

La victoria a través de la sangre del cordero

El clímax de este episodio ocurre cuando Samuel ofrece un cordero de leche como holocausto. El ingrediente clave para la derrota de los filisteos no fue la estrategia militar, sino la sangre del cordero. Mientras el sacrificio era ofrecido, el Se-or tronó desde los cielos, confundiendo al enemigo y otorgando una salvación milagrosa. Este evento prefigura la victoria final que se halla en el Nuevo Pacto a través del Mesías.

Conclusión

La lección de Ebenezer o “Piedra de Ayuda” nos recuerda que hasta aquí nos ha ayudado el Se-or. La verdadera victoria no se obtiene persiguiendo nuestros propios planes, sino sometiéndonos a la autoridad de líderes piadosos y a la verdad de las Escrituras. Si deseamos ver la mano de D-os moviéndose en nuestras circunstancias actuales, debemos comenzar por limpiar nuestro altar personal de cualquier influencia ajena a Su voluntad.

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