Ve’eira (Y aparecí)
Porción de la Torá: Ve’eira (Y aparecí)
Lectura de la Torá: Éxodo 6:2–9:35
Lectura Profética: Ezequiel 28:25–29:21
“La obediencia sencilla a Dios vence nuestra propia insuficiencia humana”
En la lectura de la Torá de esta semana se encuentra un mensaje de ánimo para quienes se sienten insuficientes delante de Dios. La verdad es que cada persona, lo sepa o no, es insuficiente para servir a Dios. Lo importante que debemos recordar es que HaShem quiere usarte. Piénsalo de esta manera: un gran jugador de tenis puede hacer grandes cosas con una raqueta no tan buena. El ser humano es solo la raqueta; Dios es Quien en realidad realiza la obra. Cuando tú y yo entendemos que el resultado depende del Dios soberano y no de nuestra capacidad, entonces nuestra insuficiencia deja de ser el problema.
Al inicio del libro de Éxodo, el lector aprende que Moisés no quiere ser a quien HaShem use para sacar a los Hijos de Israel de Egipto. Una vez más, Moisés se opone y le “recuerda” a Dios que no es la persona adecuada para la tarea a la que HaShem lo está llamando. ¿Por qué? Moisés no quiere ir a hablar con el faraón porque tiene labios incircuncisos. Moisés declara delante de HaShem:
“…he aquí, yo soy incircunciso de labios; ¿y cómo me oirá Faraón?”
Éxodo 6:30
Moisés necesitaba aprender que el poder estaba en las palabras que se le había ordenado hablar, y no en la persona que simplemente las pronunciaba. En otras palabras, la verdad tiene un poder ungido que no puede ser estorbado ni siquiera por alguien que no es elocuente al hablar. De la misma manera, quienes hablan de forma impresionante, con gran dominio del lenguaje y una voz agradable de escuchar, no pueden compensar la falta de contenido espiritual. Preferiría escuchar a alguien titubear al recitar Juan 3:16 que oír al mejor orador presentar con brillantez una exposición inteligente sobre el cambio climático o la teoría de la evolución del hombre.
Recuerda las palabras de Pablo, quien dijo que no fue enviado a predicar el Evangelio con sabiduría humana ni con elocuencia, para que el poder de la cruz no fuera anulado (ver 1 Corintios 1:17).
La próxima vez que sientas que Yeshúa te está llamando a hacer algo, no te preguntes: “¿Estoy capacitado para esta tarea?”; más bien, asegúrate de estar escuchando Su voz. Si es así, Él suplirá lo que te falta. Todo lo que necesitas aportar es un espíritu obediente, acompañado de mucha oración.
Dr. Baruch Korman – 16 de Enero, 2026.